Reproducción del artículo publicado por nuestra directora Raquel Reinaldos, Fisioterapeuta especialista en paciente oncológico en la revista “Hacia Adelante” Nº4, publicada en junio de 2019 por el Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC)

Cuando se diagnostica un cáncer de próstata, las indicaciones médico-quirúrgicas son variadas y es el urólogo el encargado de decidir qué tipo de tratamiento médico es el más apropiado en cada caso.

Cada uno de los tratamientos conlleva una serie de secuelas que pueden interferir en la función urinaria, fecal y sexual del hombre y estas afectarán en función de la edad, actividad física, el tipo de cirugía y la salud en general de cada persona.

El daño generado por la cirugía y la radioterapia afecta principalmente a nervios y músculos (esfínteres) que controlan el flujo urinario y la función eréctil, quedando debilitados o dañados, lo que dificulta que realicen correctamente su función.

La incidencia de la incontinencia urinaria (IU) depende de su definición, el tiempo transcurrido desde la cirugía y si se utilizó o no un enfoque quirúrgico de preservación de los nervios. Aunque existen estudios que indican que el 90% o más de los pacientes son continentes entre 6 y 24 meses después de la cirugía, los datos informados por los pacientes sugieren que la frecuencia de al menos alguna IU puede ser mayor.

Los principales objetivos del tratamiento fisioterápico consisten en desarrollar y trabajar la capacidad por parte del paciente de localizar los músculos del suelo pélvico, contraerlos y fortalecerlos.

Junto a la incontinencia urinaria está la disfunción eréctil. La capacidad de lograr erecciones depende de la edad, la capacidad que tenía de lograr erecciones antes de la operación, de la técnica quirúrgica: afectación de los nervios durante la intervención quirúrgica y del estadio clínico y patológico del paciente. Esto no significa que el hombre no pueda tener orgasmos o que disminuya la libido.

También pueden darse otra serie de alteraciones menos frecuentes, como son: eyaculación retrógrada, infertilidad y el Linfedema, este se asocia directamente a la linfadenectomía o extirpación de ganglios, siendo la radioterapia un factor agravante de esta secuela.

El Linfedema es un aumento de volumen de la extremidad inferior o incluso de los genitales generada por la extirpación de ganglios linfáticos unido a la aplicación de radioterapia. La frecuencia es muy baja. Si notas que una de las piernas o el escroto aumenta de tamaño, habla con tu médico para que te confirme el diagnóstico y te remita a un fisioterapeuta especializado en Linfedema.

La incontinencia fecal, los trastornos digestivos, como el estreñimiento suelen deberse a la radioterapia.

Durante los tres primeros meses después del tratamiento médico, es habitual la impotencia y la incontinencia urinaria debida principalmente a la cirugía. La micción dolorosa o frecuente y la diarrea se deben al tratamiento radioterápico.

Los efectos secundarios de la cirugía aparecen inmediatamente y después se estabilizan o mejoran. A diferencia de los efectos secundarios de la radioterapia externa e interna (braquiterapia) que tienden a aparecer más tarde y después se estabilizan o empeoran.

Si notas que una de las piernas o el escroto aumenta de tamaño, habla con tu médico para que te confirme el diagnóstico y te remita a un fisioterapeuta especializado en Linfedema.

La fisioterapia pelvi-perineal o del suelo pélvico se perfila como principal tratamiento para la corrección y la mejora de este tipo de secuelas. Se requiere conocimientos y práctica clínica por parte del fisioterapeuta para conseguir unos resultados óptimos.

Una vez aparecen los síntomas es importante empezar con la fisioterapia. Los principales objetivos del tratamiento fisioterápico consisten en desarrollar y trabajar la capacidad por parte del paciente de localizar los músculos del suelo pélvico contraerlos y fortalecerlos lo que va a proporcionar, un mayor control de los esfínteres, acelerar la recuperación eréctil y la intensidad de los orgasmos.

Entre los diferentes tratamientos fisioterápicos indicados para la mejora de la incontinencia urinaria y la disfunción eréctil se encuentran:

Los ejercicios de Kegel: se considera el tratamiento más eficaz para la incontinencia urinaria tras una prostatectomía. Tiene como objetivo, mejorar la fuerza y la resistencia de los músculos perineales masculinos y mejora de la función eréctil. La contracción del suelo pélvico involucra al diafragma, los músculos abdominales transversos profundos y los multífidos conocido como CORE. Para que los ejercicios de KEGEL sean realmente efectivos, es importante conocer el CORE y saber cómo este trabaja de manera coordinada con el suelo pélvico.

Biofeedback: este aparato va a permitir detectar la contracción de un determinado músculo y esfínter, cuantificar la calidad de la misma y registrar los datos obtenidos de la contracción en una escala, para la información del paciente y la del especialista.Proporciona al paciente conciencia de esos músculos permitiendo modificar, aumentar y controlar su contracción y actividad hasta que el ejercicio se realice correctamente.

La electroestimulación: se trata de la aplicación de una corriente eléctrica no dolorosa sobre una zona determinada del cuerpo provocando la contracción del músculo afecto. Es imprescindible la valoración de un especialista antes de iniciar el tratamiento. Esta técnica permite localizar con precisión y sentir perfectamente los músculos del periné ayudando a contraer y reforzar el periné y los esfínteres anales y/o urinarios.

El diario o calendario miccional: es una prueba sencilla, de coste cero y no invasiva. Nos da información sobre el funcionamiento de nuestra vejiga. Saber si nuestros hábitos relacionados con la micción están dentro de la normalidad. Permite registrar todos los acontecimientos que tengan relación con la ingesta de líquidos o con la micción durante 3 ó 4 días. Es importante anotar el tipo de líquido porque algunos líquidos tienen diferentes efectos sobre nuestra vejiga: la cafeína, la teína, los zumos de cítricos, e incluso algunas bebidas que son diuréticas o estimulantes pueden afectar a esa frecuencia miccional que intentamos ver en el estudio del diario.

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